Isabel Coixet es una directora de cine española pretenciosa que hace que con cada película que veas de ella consideres el suicidio y te solidarices con los que piden que la eutanasia sea legal. Ella cree que hacer películas que no dicen nada ni tratan de nada es de inteligentes. Su última película es Mapa de los sonidos de Tokio, la cual usó los impuestos de todos los españoles para hacer esta puta mierda.

La película es que es una montaña excesiva de pretensiones. O dicho de otra manera, Mapa de los sonidos de Tokio es insufriblemente pretenciosa. Isabel Coixet parece no entender que la sintaxis del cine proviene del arte de la narración, y no de la poesía.
Isabel Coixet no posee esa clase de talento, y con su lirismo, casi siempre impostado. No hay pulso narrativo en Mapa de los sonidos de Tokio, no hay ritmo, la secuencias, los diálogos no están hilvanados para hacer avanzar la historia con robustez y firmeza, y al cabo de media hora, cuando se nos han explicado ya las claves básicas de la trama, todo se desinfla y se pierde en melifluos e impostados planos que pretenden ser hermosamente trascendentes, simbólicos, poéticos.

La consecuencia es el aburrimiento y la somnolencia, el bostezo, la cargazón. A la media hora todo se ha convertido en un reiterativo laberinto de secuencias que no conducen a ninguna parte, que no nos llevan a ningún sitio. Tan sólo a que el espectador piense que está ante algo sublime, algo artístico y que le sobrepasa, pero la verdad es que no lo entiendes por que no tiene sentido.

A Isabel Coixet habría que atarla y con un espadradapo en los ojos para que no pudiera cerrarlos y que viera tropecientas veces sus propias películas hasta su muerte o pida perdón.