Nacida en el pequeño pueblo cerca de Moscú, atrajo la atención de una edad muy temprana. En los meses después de su nacimiento, muchas madres intentaron cambiar sus bebés ya que sus bebés eran muy feos en comparación. A menudo las madres se ponían a llorar y maldecir a las caras horrendas de sus hijos. La gente venía desde muy lejos para ver la legendaria belleza en una habitación de cristal construido especialmente para ella. Su familia hizo un montón de dinero de la venta de entradas, incluidas camisetas y demás souvenirs.
A lo largo de su solitaria adolescencia, Kournikova tuvo que jugar al tenis contra una pared. Su padre se empeñó en que hiciera la carrrera de prostituta, pero se empeñó en eso de la raqueta. Un día, Kournikova fue visitada por Martina Navratilova. Navratilova le amadrinó y le enseñó a jugar. Navratilova se sorprendió al descubrir más tarde que Kournikova sabía jugar bien al tenis

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