En la tumba de Groucho Marx : Disculpe que no me levante.
En una tumba del cementerio de Salamanca: «Con amor de todos tus hijos, menos Ricardo que no dió nada».
En la tumba de Orson Welles: «No es que yo fuera superior. Es que los demás eran inferiores».
Lo puso un marido en la tumba de su suegra: «Aquí yaces y yaces bien, tú descansas y yo también».
El difunto pesaba 140 kilos e hizo infinitas curas de adelgazamiento: «Por fin me quedé en los huesos».
En la tumba de Miguel de Unamuno: «Sólo le pido a Dios que tenga piedad con el alma de este ateo».
En una tumba del cementerio de Guadalajara: «A mi marido, fallecido después de un año de matrimonio. Su esposa con profundo agradecimiento».
En la tumba de José Solís Ruiz: «Aquí se puede ser ministro de cualquier cosa, menos del “movimiento”».
Un joven y chistoso calavera quiso ser enterrado con el ataúd puesto de pie; él mismo dictó el epitafio: «Para no decir como siempre “aquí yace”, está de pie y duerme en paz».
«Necesité toda una vida para llegar hasta aquí».
En la tumba de Johann Sebastian Bach: «Desde aquí no se me ocurre ninguna fuga».
Lo puso el obispo, que no les quiso dar la extremaunción y borró otro que había puesto el matrimonio en vida. «Eran muy buenos los dos, y fueron de Dios en pos, como va todo el que muere, pero no están junto a él, porque el obispo no quiere».
En la tumba de Marlon Brando: «¡Otra vez protagonista de la ley del silencio!»
Lo puso el marido: «Pronto estaré contigo». Un conocido al ver las fechas tan distantes de fallecimiento escribió debajo: «Creí que no venías».
Por fin he conseguido un puesto fijo. Un opositor
La muerte está tan segura de ganar, que me dió toda una vida de ventaja
«Algo tengo, por cierto, aquí no pagaré ningún descubierto».
Lo puso un marido en la tumba de su suegra: «Tanta paz encuentres, como tranquilidad me dejas».
En el cementerio de la Almudena de Madrid: «Aquí estoy con lo puesto, y no pago los impuestos».
Lo puso en la lápida unos días antes de morir: «Os dije que estaba enfermo».
«Fray Diego aquí reposa, en su vida no ha hecho otra cosa».
En Viareggio, en la tumba del célebre transformista Leopoldo Fregoli (fallecido en 1936): «Aquí, Leopoldo Fregoli llevó a cabo su última transformación».
En un cementerio de Minnesota: «Fallecido por la voluntad de Dios y mediante la ayuda de un médico imbécil».
En la sepultura de un aprensivo que creyendo estar muy enfermo, se curaba con mejunjes y potingues: «Aquí yace un español, que estando bueno quiso estar mejor».
Sobre una lápida del cementerio municipal de Detroit: «Aquí yace Josept Barth, cuya vida fue breve, pero llena de alegría, gracias a su fiel compañera, Angélica, que a la edad de veinticinco años escondió su dolor en el 7 de Elmer Street. Teléfono: 2-13-18-15».
«Ya os decía que ese médico no era de fiar».
Lo puso el marido sobre la tumba de su mujer: «Aquí yace mi mujer, fría como siempre».
Lo puso la mujer sobre la tumba de su marido: «Aquí yace mi marido, al fin rígido».
Lo pusieron sus amigos: «Aquí ya no toses, Manolo».
«Aquí yace Desiderio, que se fue directamente del cangrejo de su madre al cementerio».
En la tumba de Moisés: «De esto no se libra nadie, ni por tablas».
Lo puso el marido en la tumba de su suegra: «Ya era hora».
En una tumba de un cementerio de París: «Luisa C. (1835-1867), ven pronto a mi lado». Debajo: «Vengo, vengo enseguida, Pedro (1831-1907)». Es decir, al cabo de cuarenta años.
En la tumba de una ancianita, en el cementerio de Ithaca (Estados Unidos): «En la tierra yo era coja y sin bastón; ahora me encuentro bien sin operación».
«Volveré de entre los muertos para vengarme de los bancos».
En la tumba de un avaro: «En cuanto murió, se peleó con los santos, enfadado porque debía el alma y no podía venderla en dinero contante y sonante».
Lo puso el marido en la tumba de su suegra: «Señor, recíbela con la misma alegría con la que yo te la mando».
En la tumba de Idi Amín Dadá: «¡Como me levante!».
Lo puso el marido en la tumba de su suegra: «RIP, RIP, ¡HURRA!».
Inscripción en la puerta de un cementerio catalán: «Levantaos, vagos, la tierra es para quien la trabaja».
En un cementerio de un pueblo de Ávila: «Aquí yace Isabelita, que por ser tan buena y no querer, se fue para la otra vida con muy poquito placer».
En un cementerio de Middlebury, Vt., en una lápida erigida por la suegra a su yerno: «Descansa en paz hasta que volvamos a encontrarnos».
En la tumba del marido: «La próxima vez te haré caso».
En la tumba de un médico: «Aquí yace uno por quien yacen muchos en este lugar».
Lo puso el difunto en la lápida unos días antes de morir: «Por fin dejé de fumar».
Lo puso el marido en la tumba de su suegra: «Ya estás en el paraíso, y yo también».
Muere el dentista que no recomendaba chicle sin azúcar. En su tumba han puesto la siguiente inscripción: «9 de cada 10 dentistas encuestados recomiendan un chicle sin azúcar. El décimo yace aquí».
En la tumba de un ludópata, en lugar de poner R.I.P. ponía: «GAME OVER».
En la tumba de Jesús de Nazaret: Aquí no yace Jesús de Nazaret.
En la tumba de Buda: «Hijo mío, al verme así, no saques ninguna conclusión, pero si quieres sacar alguna, tres con las que saques».
En la tumba de una tía fea, fea, feísima: «Al fin polvo».
«Siempre había creído que era inmortal».
En el cementerio de la Almudena de Madrid: «Aquí yacen los polvos de mi querida, que los tuvo maravillosos en su vida».
«Por fin he dejado de pagar facturas».
«Si sois inspectores de Hacienda, lo siento, no les puedo atender».
«Entre todos la mataron y ella sola se murió».
“Aquí yace Ezekial Aikle, muerto a la edad de 102 años ,Los buenos mueren jóvenes.
“Aquí yace Molière el rey de los actores. En estos momentos hace de muerto.
Volveré y seré millones”. Tupak Katari, líder aimara. Lo dijo al ser descuartizado.
Por aguantarme un pedo, aquí me veo.
Si no viví más, fue por que no me dió tiempo.” Epitafio del Marqués de Sade.
Desapareció en combate, apareció aquí.